In memorian

Conoci a Renè Kaës en el año 1980, en ocasión de realizarse en Copenhague una nueva edición del Congreso Internacional de Psicología y Psicoterapia de grupo.

Nuestro encuentro había sido estimulado por su maestro, Didier Anzieu, quien interesado en profundizar en el conocimiento de la obra de E. Pichon Rivière, tomó contacto con nosotros cuando éste ya había fallecido.

A partir de entonces intercambiamos textos, la mayoría centrados en la temática de lo grupal.

Ese intercambio motivo a Anzieu a enviarme trabajos de Kaës, los suyos ya los conocíamos.

Sugirió entonces como necesidad un diálogo personal con Kaës en el escenario del Congreso.

Como resultado de ese diálogo y del interés compartido por pensar lo grupal con perspectivas que ahondaran en su comprensión, planificamos una visita de Kaës a Buenos Aires, la que se cumpliría en mayo de 1982.

La guerra de Malvinas postergo el viaje hasta 1985. Su venida se dio a raíz de un acontecimiento que consideramos histórico: el Congreso Internacional de Psicodrama y Psicoterapia de grupo, del que nuestra escuela fuera co-organizadora.

En este recordar a un maestro tan entrañable como Renè, quiero señalar que en ese periodo post dictadura, las instituciones ligadas a la tarea y formación grupal vivíamos momentos de entusiasmo, hermandad y creatividad después de haber sufrido años de represión y persecución. En ese clima fue recibido Renè Kaës, quien había seguido muy de cerca los sufrimientos que la dictadura militar había impuesto al pueblo argentino, conmovido por las formas de solidaridad y lucha compartida que se habían desarrollado en la resistencia a la dictadura.

Recuerdo que ese jueves de su llegada a Ezeiza su mayor anhelo era participar de la Ronda de las Madres.

Desde entonces su vínculo con Argentina no cesó de crecer, convirtiéndose desde entonces en un referente del pensamiento sobre la grupalidad.

Su obra, que estaba en pleno dearrollo ha creado Escuela, orientando un pensamiento en la llamada psicología vincular, los fenómenos transgeneracionales, el acontecer institucional. Como lo han señalado en sus despedidas muchos de mis colegas..

En este adiós que en parte es muy personal, pero que representa a la Escuela que fundó E. Pichon Rivière, quiero destacar su aporte a la comprensión del sujeto, como sujeto de las crisis y sus resoluciones y a la comprensión de los procesos formativos en el campo grupal.

Entendiendo a estos últimos como aquellos que mueven las mismas estructuras que una terapia, pero que se orientan en esa tarea formativa a la construcción de un rol y un hacer en el campo grupal.

Sin duda su ausencia, aunque compensada por la riqueza de la obra que nos dejara, es una dolorosa pérdida para el pensamiento psicológico, amenazado hoy por concepciones profundamente retrógradas e inhumanas.

Ana P. de Quiroga.